jueves, 23 de julio de 2009

D4, radar para turbulencias

“Un sobrino mío, tendría cinco o seis años entonces, (…) me contaba sus sueños cada mañana. Recuerdo que una mañana él estaba sentado en el suelo y le pregunté qué había soñado. Dócilmente sabiendo que tenía ese hobby, me dijo: "Anoche soñé que estaba perdido en el bosque, tenía miedo, pero llegué a un claro y había una casa blanca, de madera, con una escalera que daba toda la vuelta y con escalones como un corredor y además una puerta, por esa puerta saliste vos". Se interrumpió bruscamente y agregó: Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita?".
(Jorge Luis Borges, Siete noches)
Esta narración de Borges pertenece a una conferencia donde sostiene que los sueños son la primera forma de expresión artística de la humanidad. Esta proposición de un escritor, que pensaba problemas de los hombres, no dista mucho de la que plantea Bion: los mitos son los elementos comunes de los sueños de los hombres y consisten en una manera relevante de pensar, que dio como frutos a Homero o la Biblia. En ella Borges rinde honor a la pregunta de un niño que valora sus sueños y le pregunta al tío, con todo derecho, en qué consiste su hobby. Cree que el personaje del sueño coincide con su tío mismo; sin presentar ninguna alteración del pensamiento, tiene una visión particular que nos toma por sorpresa. En su artículo sobre la turbulencia emocional, Bion nos pinta un dibujo. Cuando un adulto ve una alondra que canta mientras vuela, otro niño ve “un gorrión que no puede subir ni bajar y sí que hace ruido” . Con este doble vértice delimitamos un objeto volador identificado de distintas formas.
Cuando el infante transcurre el trauma del nacimiento y es cuidado por las mujeres que se hacen cargo de él, ve, después de todo, un mundo ubicado en lo que luego llamará arriba y no tiene otro remedio que identificar objetos voladores: dioses y héroes que pueblan sueños. Muchos de esos objetos han sido descriptos por Freud, Klein y el mismo Bion. Este último los denominaría realizaciones de las pre-concepciones innatas y sus desarrollos.
Asumamos que la alondra es un sueño, aquel primer hecho seleccionado con el que Freud fundó el psicoanálisis, y veamos cómo puede subir o bajar en la tabla. La comprensión de Freud fue ubicada por Bion en la hilera C; pero además supo concebirla, con significados diferentes, en la hilera A. Sin embargo podría adquirir nuevas significaciones de las que estos pensadores propusieron para entender los sueños. De lo contrario, el psicoanálisis solamente sobreviviría. Cualquier vértice implica una toma de decisiones que selecciona un hecho en la turbulencia, le pone nombre y esto opera como una cesura que aparta los hechos no seleccionados. Edipo-Layo constituyó un par en conflicto inseparable hasta que Bion superó la cesura implícita y nos mostró a Tiresias como contraparte de Edipo. Tiresias tiene más de una lectura posible. Desde ya es el ciego que no ve el presente sino el futuro y disuade a Edipo, el arrogante. Pero además, si no lo delimitamos de Edipo como dos cosas separadas y nítidas una de la otra [Tiresias-Edipo] pasan a ser una cesura que permite una lectura de los pensamientos y sentimientos involucrados en cualquier investigación, que mantiene aparte otras selecciones posibles que no han sido encontradas todavía. Preocupado por la vitalidad del análisis, Bion nos exhorta a imitar la actitud de Galileo o Newton, que eran individuos rebeldes para los standards de los lugares y el momento donde trabajaban y se dedicaron a observar más allá de donde Aristóteles había mirado. Sin esa actitud, la ciencia no habría surgido ni progresado.
Este trabajo se propone reflexionar acerca de la latencia/turbulencia en el consultorio y en la comunicación entre colegas. Tomamos como ejes las descripciones explícitas o implícitas que de la turbulencia hizo Bion:
o en sus investigaciones en grupos,
o en los análisis individuales,
o en el desarrollo de su manera de comunicar ideas.
La turbulencia y el grupo
Sin mucho esfuerzo y aumentando el splitting, la alondra se puede transformar en una bandada de gaviotas que amenaza a cualquiera que se atreva a alojar un pensamiento sin pensador. Una paciente de un grupo que permanecía pasivo tomó una decisión de la que pronto se arrepintió, contó un sueño. “Bueno, ya que nadie dice nada, voy a relatar mi sueño. Soñé que estaba en la playa y me iba a bañar. Había muchas gaviotas…Bueno había muchas cosas más. Un miembro del grupo: ¿Quiere decir que eso es todo lo que puede recordar? Mujer: Oh, no, no, pero todo es tan tonto.” El pensamiento sin pensador fue “el grupo” que se apoderó de Bion, visible en el sueño como la bandada de gaviotas, pero invisible si miramos las seis o diez personas que lo integran y suponemos que hay seis o diez personalidades delimitadas por la apariencia física. El grupo preanuncia a Tiresias. La cesura que acalló a la paciente y resistía las propuestas de Bion consistía en el reclamo de análisis individual y conocimientos digeridos previamente (C o H 2/3). La conjunción constante “el grupo” permitió un fecundo desarrollo. Los integrantes del grupo no podían tolerar la presencia de esa conjunción constante; del mismo grupo formaba parte Bion quien sufrió para sobreponerse a sus propios temores cuando ponía a prueba las hipótesis sociales de Freud en el experimento que ideó. Ya anticipaba entonces la importancia de la evaluación que de la actitud del grupo hace cada individuo y con eso el estudio de las reacciones que en él provocaba la situación a explorar, tema que pronto veremos.
En experiencias en grupos encontramos descripciones de dudoso valor incluidas en las despojadas viñetas. Son detalles de la iluminación, la hora, la atmósfera. ¿Para qué pierde el tiempo Bion en semejante irrelevancia? Tal vez a fuerza de resistir a las gaviotas pueda imponerse un OVNI para ser seleccionado ya que siempre subrayó que un grabador no registra turbulencias emocionales ni selecciona ni aloja.
Bion quedó marcado por sus experiencias en grupos. El grupo y el individuo, la cultura, el grupo de trabajo y el grupo de trabajo específico impregnan sus desarrollos ulteriores. Devienen pre-concepciones que encuentran realizaciones en el ámbito del psicoanálisis y las reitera cuando escribe sobre la turbulencia emocional. Importa encontrar un aura para el tifón, algo que nos impacte mientras está latente, algo que permita nacer lo potencial en lo contenido. “Superficialmente una sesión analítica puede parecer aburrida, monótona alarmante o desprovista de interés (…) El analista viendo más allá de lo superficial, toma conciencia de que están en presencia de una emoción tensa. La experiencia intensa es inefable, pero una vez conocida no se puede errar en encontrarla (…) si se mantiene un contacto así, el analista se puede dedicar con pasión a evaluar e interpretar la experiencia central y, si lo considera oportuno también las superficialidades de las cuales es la parte más importante. Uno de esos grupos de superficialidades pertenece a las circunstancias en las que se conduce el análisis. Generalmente estas son físicamente cómodas y llevan el sello de una existencia civilizada sin aventuras ”. Esta cita pertenece a Transformaciones, pero encontramos descripciones de este tipo desde sus experiencias en grupos. La más precoz es aquella cuando le interpretó al grupo que todas las necesidades evidentes estaban cubiertas y sin embargo necesitaban un líder, basándose en que, cuando no a él, buscaban sustitutos efímeros. En el capítulo II de Experiencias, dos viñetas son un presagio de estas descripciones posteriores. En un grupo las contribuciones de los miembros languidecen “las pausas se hacen más largas y los comentarios más fútiles, cuando se me ocurre que los sentimientos que yo mismo experimento – en especial la opresión por la apatía del grupo y una urgencia por decir algo útil y esclarecedor- parecen ser compartidos por el resto de los presentes. Un grupo cuyos miembros no pueden asistir regularmente será apático e indiferente” (buena representación de la peste de Tebas) “ante los sufrimientos del paciente individual” . Bion observa que los ausentes son los líderes y los presentes los seguidores del ataque a la posibilidad de trabajar. En la otra relata cómo ocho miembros se explayan en darse mutuamente consejos que saben inútiles para molestias quejosas y triviales. Desanimado tiene una ocurrencia: “Vendors of quak nostrums unite” y saca la genial conclusión de que el grupo no actúa sin armonía, sino como una unidad que coopera entre sí y contra Bion. Y en el capítulo III el señor M juega el rol de lugarteniente del Líder, el Sr. X, permitiendo que la orquesta del grupo sólo entone sones marciales independientemente de lo que digan. En estas y en la siguiente ya emplea el modelo del enfoque binocular.
La turbulencia emocional y los análisis individuales
Saliendo del ámbito del grupo, este enfoque vuelve a aparecer en El mellizo imaginario, donde la letra de los enunciados del paciente carece de resonancias y los pronombres ambiguamente usados permiten lecturas dispersas si no se tiene en cuenta el tono emocional para detectar qué es central. En Aprendiendo de la experiencia denomina por primera vez con las tres letras al conjunto de emociones asociadas que propuso cuando describió el funcionamiento en supuestos básicos: L, H y K. Pero tal vez el ejemplo más conmovedor sea el que encontramos en Memorias del futuro. Después de describir conflictos entre Alice, Roland, Rosemary y Tom -que bien podrían entenderse con los conceptos freudianos- Alice, que vive cómodamente en el welfare, alberga cándidas expectativas ante la inminencia de la invasión (man: la emergencia de la parte psicótica de la personalidad contenida en el tratamiento). Otra de sus versiones, Rosemary espera un recibimiento de otro tono, mientras que Roland tiene presagios muy distintos. K, L y H. Mientras tanto Bion evoca historias bélicas propias y atroces. Bion siempre tiene presente que analizando y analista están comprometidos en una aventura riesgosa que es tan azarosa como aquellas otras circunstancias en que los peligros son más obvios y dramáticos. En su equipo es imprescindible un enfoque binocular que permita observar el material del paciente - lo que el paciente dice, todo lo que llamamos enunciado, Tpβ o asociación, la letra - y la sociedad que se establece con el paciente socio con los peligros involucrados en la misma. Entre ellos, se destaca el empleo de aquello que se sentía empujado a hacer, no como una manifestación de su psicopatología no analizada, sino como un fenómeno digno de estudio para comprender la conducta de los hombres cuando se enfrentan con las exigencias de participar en sociedad para su desarrollo pleno.
Bion tiene en cuenta en los enunciados la letra y más aún la música, y a partir de ésta los peligros que se enfrentan. Este enfoque es la contraparte obvia de aquel otro que consiste en observar el lenguaje verbal como significativo, dando por supuesto que el paciente lo emplea como nosotros lo empleamos y no como un vehículo para hacer eficaz la identificación proyectiva provocando reacciones, tal como el infante tuvo oportunidad de hacerlo con la madre. Obviamente esto representa un salto enorme respecto de la obra de Freud. Otro salto cuántico, esta vez respecto a Klein, consiste en emplear estas reacciones que el paciente provoca como un instrumento y no como un obstáculo que debería ser eliminado con más análisis didáctico. Un corolario inevitable es su contraparte: el paciente observa lo que el analista dice como algo que hace y de la misma índole de lo que él hace. Esto brinda tanto la oportunidad de reconstruir los primeros momentos del desarrollo, como la de que el paciente psicótico demuela el desempeño analítico. El analizando usa y provoca que se usen los medios de comunicación que descubrió en los grupos. Por lo tanto el superyó del paciente decide que los miembros del grupo (el dúo) que componen destruyan las letras de las canciones y los significados que intentan transportar y sólo se escuchen sones marciales o eróticos o escolares. En esos casos no es posible emplear los usos 4 y 5, sino 2 y 6 y por supuesto no será posible la elaboración ni el crecimiento negativo.

Nuevas visiones más allá de los peligros. El valor de una conjunción constante.

Contando con esos riesgos Bion nos advierte que en la clínica, el punto donde se da la oportunidad para intervenir es aquel que muestra evidencias de un deseo de aprender y una incapacidad para hacerlo, lo que nos retrotrae al ejemplo de la clásica sesión que citaremos: “No creo que pueda hacer nada hoy… ”. En esas situaciones se estimulan niveles primitivos de pensamiento para descubrir la “causa” de la obstrucción moviéndonos en un plano semejante al de los fenómenos que dejan de regirse por las leyes newtonianas. Pasan a ser regidos por los de la física de las partículas subatómicas, donde los objetos psicoanalíticos compuestos por elementos α dejan su lugar a los conglomerados de elementos β. La causa es un componente inevitable de los objetos de la hilera C y también de los de la hilera F. Tanto el paciente como el analista emplean determinaciones causales que explican su manera de observar O. Pero el uso de las teorías de La Tabla y Transformaciones otorgan un lugar relativo a las causas que sólo se consideran “verdaderas” en tanto permitan desarrollos en el eje horizontal. Aquel paciente, enfrentado a la conjunción constante de los elementos en común de los comienzos de cada sesión con prolongados movimientos para acomodarse, enunció que el significado era una causa: una hernia. Bion en cambio empleó mucho tiempo para entenderla, como siempre requieren los progresos en el eje vertical, pero importaba rescatar una conjunción constante de la turbulencia y sostenerla con sus cualidades negativas. Piensa que cada observador siente (i) que necesita que la conjunción constante tenga un significado como una necesidad psicológica que la razón transforma en lógica, (ii) que se siente que el significado atribuido a la conjunción constante debe tener una contraparte en su realización y (iii) que la objeción a un universo sin significado deriva del temor a que su falta sea un signo de que el significado ha sido destruido. Si cualquier universo no rinde significado, su narcisismo demanda la existencia de un dios para el que lo tenga y del que él pueda beneficiarse. En algunos casos la falta de significado se escinde y proyecta dentro del objeto. Está de nuevo repensando los fenómenos que encontró en los grupos. Esto no puede dejar de ser así para el hombre y no por eso el desarrollo es imposible, todo depende del accionar del grupo de trabajo específico. Tal vez en este Encuentro no sea difícil discernir si tenemos un dios que nos inspire. El grupo de trabajo específico nos ha convocado, de nosotros depende que el trabajo no sea una misa.
Bion propone un hermoso ejemplo de la incomodidad frente a una conjunción constante en el capítulo VI de Transformaciones. Enfrenta al psicoanalista con el problema geométrico de encontrar los puntos en que una recta exterior al círculo corta al círculo. Nos pone en el mismo lugar del paciente que está describiendo desde el capítulo V, quien no podía tolerar conjunciones constantes, y guarda muchas similitudes con el que hemos citado y al cual volveremos. ¿Podrá el lector soportar este modelo del geómetra para comprender la tarea a la que nos insta: investigar las leyes que rigen las acciones de los pacientes cuando lo que cuenta no es lenguaje verbal? Este problema sólo se puede resolver apelando a los complejos conjugados. Afirma entonces que el geómetra pre-cartesiano tiene un aparato (una tabla) inadecuado para resolver el problema y dice que es inconciente→ (del futuro). Lo es porque no puede imaginar i, no puede admitir raíces cuadradas para los números negativos. Entonces los números reales que tantos avances permitieron a las matemáticas al incluir los irracionales (por ejemplo e) son una cesura para él. Un problema similar tendrá el psicoanalista para estudiar los fenómenos de la alucinosis si lleva desde C a A el punto, la recta, el círculo o la alondra. Nos muestra entonces un riquísimo recorrido de su clínica en términos de elaboración geométrica desarrollando C1↑.
Cada vez que se rescatan conjunciones constantes desde nuevos vértices se producen variaciones en la técnica que posibilitan que se observen distintos objetos y se obtengan distintos mapas del mundo. Freud optaba por explicar su método de trabajo y descubrió tempranamente la capacidad de transmitir significados, propia de las imágenes de los sueños. También hizo gala de una comprensión de las posibilidades que la geometría implícita en esas imágenes tenía en el contenido manifiesto de los sueños y descubrió el valor del desplazamiento tanto en las imágenes como en el uso de las asociaciones verbales. Cuando éstas le fallaban, pese a las demandas de la regla fundamental, hizo el hallazgo de la pieza técnica clave en 1905. Melanie Klein avanzó más allá al hacer equivaler sueño y juego, enriqueciendo la construcción de la realidad y describiendo un mundo donde los objetos poblaban el mundo externo y el interno en distintos planos y versiones. Su aporte de la teoría de las posiciones y de la identificación proyectiva permitió comprender las posibilidades del desarrollo temprano y sus alteraciones, pero sobre todo fabricó una herramienta imprescindible para el desarrollo posterior. Ambos descartaron al menos en el pensamiento teórico técnico el valor de los sentimientos del analista. Bion lo integró. Así surgieron los observables característicos de la hilera A: (1) El tema de ser forzado a un enactment ha sido estudiado con gran riqueza por muchos pensadores de la escuela inglesa, pero nadie como él ha legado muestras de desarrollos en el terreno del (2) splitting forzado y la alucinosis.
Una ejemplo inolvidable de ese arte es la sesión del paciente que habita la mayoría de los escritos de Volviendo a pensar, reconocible también en sus trabajos posteriores hasta “Atención e interpretación”. Proponemos una descripción C4, tal como recomienda Bion. En el ámbito de su consultorio ha venido observando largamente a un paciente que entra sin mirarlo, con la vista fija en el horizonte, se refriega en el diván, largo rato cada día. Se mueve a tientas para entrar en contacto, como un ciego extendería los brazos para encontrar los muros. Hace mucho que se ha deshecho de las funciones para pensar el material y por ende el analista ha supuesto que las ha ubicado dentro suyo, ya que él se hizo cargo de ellas. Entonces, cuando el paciente dice “Nada sino cosas inmundas y olores. Creo que perdí mi vista”, Bion, en lugar de mirar ondas de agua o de cabellos, enfoca desde el vértice olfatorio y piensa que el paciente huele una atmósfera llena de heces entre las que se encuentran sus ojos. Allí provoca un salto revolucionario que consiste en considerar cómo se puede pensar no con ideas, sino con cosas. La vista, los anteojos oscuros son las cosas que usó el paciente aglomerando elementos  para recuperar la herramienta, D4, de la que se había deshecho. La misma herramienta que empleó Bion, radar para turbulencias, en medio de una sesión donde aparentemente no pasa nada durante media hora de frases esparcidas. Para mostrárnosla hace una larga descripción de las repeticiones del paciente en su actitud en las sesiones, que podrían ubicarse en las hileras A o B y decide ubicarlas en la columna 4, con la expectativa de la existencia o no de un significado para ellas.

¿Por qué radar?

Podríamos haber usado como título el nombre de cualquier otro instrumento para detectar aquello que no es visible a los sentidos, elegimos este porque lo hallamos apropiado para orientarnos en situaciones de peligro. Un explorador es siempre un explorador de fronteras. Esto dice el físico Robert B. Laughin y agrega: “ El gran poder de la ciencia reside en su capacidad para revelarnos, con su objetividad brutal, verdades que no podríamos haber previsto (…) El anhelo de una frontera parece ser una parte constitutiva del alma humana (…) La ciencia es el único espacio donde todavía pueden producirse encuentros con lo salvaje, más allá de que haya muchas fuentes de aventura también fuera de ese espacio (…) Estamos diseñados para no tolerar situaciones en las que nos inundan los hechos sin que podamos hallar en ellos significado alguno”. Veamos entonces algunas características de la naturaleza del territorio que exploramos, nuestro instrumental y la relación entre ambos. Para eso recurrimos al modelo que Bion propone para las Transformaciones que incluye y destaca el papel que juega la turbulencia emocional. Combina las teorías de un conjunto de emociones dominantes, la teoría de las transformaciones, usando la tabla para investigar. En lugar de tener en cuenta la relación entre el paisaje y la pintura, usa la relación entre el paisaje, su reflejo en el agua y la brisa que lo perturba. Las equivalencias del modelo y sus implicancias son: el objeto es el paisaje, la representación es el reflejo y las emociones la brisa. Dando un paso ulterior y poniéndonos en el lugar del paciente que pretendemos comprender: el objeto del paciente es el analista, su contribución, una interpretación o una ausencia. La representación que él hace es Tpβ, es decir la asociación. Las emociones son L o H o K. Entonces el modelo facilita ver que:
1) el reflejo guarda una relación con el paisaje que está distorsionado por la brisa. La asociación del paciente está relacionada con O, lo que el analista interpretó, aunque Tpβ está perturbada por L o H o K. Un ejemplo particular: un paciente dominado por el odio a su analista hace una transformación de la contribución del analista y ahora tiene en mente esa Tpβ.
2) La brisa tiene una relación con el paisaje (lo agita) aunque la vemos perturbada por los efectos del reflejo. Las emociones activas (L o H o K) tienen una relación con lo que el analista hizo aunque están perturbadas por las asociaciones del paciente. La representación que sostiene el paciente Tpβ de la contribución del analista es compatible con el odio que afecta su transformación.
3) El reflejo está relacionado con la brisa y la brisa con el reflejo en la superficie del agua y lo que se observa está influido por el paisaje. La asociación está relacionada con L o H o K, o L o H o K están relacionadas con la asociación Tpβ, aunque influidas por la contribución del analista. El paciente sostiene una transformación Tpβ influida por el odio que tiene al analista, cuya interpretación transformó.
Lo que da valor al modelo es que el objeto a estudiar, el vínculo entre el paciente y el analista, lejos está de agotarse en la letra, y destaca las emociones. Entonces considera que la relación de los tres elementos es una conjunción constante en la mente del observador que puede o no tener una contraparte en la realidad. Pero cree que una situación fáctica conjeturada que es la interpretación (su significado y significación), un estado emocional también conjeturado y una representación (la asociación) están constantemente unidos. Para desarrollar una observación esclarecedora de lo que acontece en una sesión no cuenta un registro de la misma. Las herramientas que había desarrollado para especular sobre otras lecturas posibles del material en Elementos del Psicoanálisis deben entrar en juego en el calor de la sesión. El conocimiento de los instrumentos del analista debe ser tal que pueda usarlos en situaciones de stress en un territorio desconocido y lleno de peligros. Las circunstancias que estudia alteran los instrumentos: la tabla y la teoría de las transformaciones. Esto es así porque como en la física de las pequeñas partículas, los elementos que se usan para observar y los observados se modifican mutuamente. Las características que conservan fuera de la sesión son transformadas por los peligros de la sociedad que se establece y el modo en que observa O, hasta el punto en que puede no darse cuenta de que las está usando. La tabla puede usarse como una representación de las mentes que participan tal como se usan en sesión. Existe siempre el riesgo de jugar el rol que nos provocan, de observar con memoria y deseo para encontrarnos en territorio conocido, aferrarnos a teorías causales como si tuvieran una contraparte en las realizaciones. Si la tabla no se transforma pierde capacidad para iluminar. Usando su bello ejemplo, no se puede tocar un concierto como si se tratase de arpegios y escalas. Es necesaria la emoción que se da entre la partitura del músico, la presencia del público y la ejecución emocionada.
Mientras atendamos a los sentimientos y a la pareja asociación-interpretación, aún fuera de la sesión seguiremos en contacto con la turbulencia emocional y la posibilidad de encontrar en ella los objetos que promuevan desarrollo.
De los elementos en versión fenoménica que Bion formulara y que dan prueba de que la experiencia emocional acontecida puede ser considerada una sesión psicoanalítica y no otra cosa, nos importa destacar 2, 4 y 6: 1) las ideas, 2) los sentimientos, incluyendo el dolor, 3) asociación e interpretación, 4) la pareja asociación-interpretación, 5) pares en conflicto, 6) Los dos ejes de la tabla como casos especiales.
El objetivo de los sentimientos incluyendo el dolor es facilitar la intuición analítica para deducir las emociones, de modo que resulten obvias para el analista, antes de que lo sean para el paciente, ya que en dicho caso, resultarían dolorosamente obvias. En este sentido, el radar permite que las emociones del paciente conserven la calidad de premonición. “(…) pueden perderse muchas expresiones sutiles de sentimiento si las ideas mediante las cuales se las expresa son consideradas, en forma equivocada, como la carga principal de la comunicación” , perpetuando así un estado de latencia engañoso y opuesto al crecimiento.
La pareja asociación-interpretación alude a la relación entre la categoría de la asociación y de la interpretación independientemente de sus contenidos. La observación de la pareja asociación-interpretación permite reconocer la existencia o no de un acuerdo entre paciente y analista respecto de los supuestos en que se basan para realizar la tarea, es decir, qué música de fondo sostiene, ahoga o empuja el intercambio de enunciados. Bion define dos desacuerdos centrales entre categorías: uno referido al eje vertical, cuya distinción relevante es la detección del funcionamiento de la pantalla β en el paciente. En este caso el paciente no es capaz de reconocer ni la interpretación ni sus asociaciones como la comunicación de una idea. Los desacuerdos referidos al eje horizontal tratan de la utilización restrictiva de algunas columnas, con exclusión de otras, de modo que las asociaciones e interpretaciones queden despojadas de su cualidad dinámica. La maniobra del paciente estará destinada a cambiar toda I (especialmente las pertenecientes a las columnas 4 y 5) a las columnas 1, 2 o eventualmente 3.
Los dos ejes de la tabla como casos especiales se utilizan para reconocer situaciones o momentos de un análisis en que no sólo la sesión no progresa, sino que el proceso psicoanalítico mismo no da muestras de desarrollo. El movimiento en la Tabla se expresa a través de ↑←, cuando se trata de decrecimiento, mientras que el crecimiento se expresa como →↓.


Un ejemplo clínico en el consultorio
Un muchacho ha venido cursando sin dificultades sus estudios secundarios. Durante un tiempo ha estado analizándose. No podemos saber pero podemos imaginar por qué su anterior analista asegura que el paciente sólo ha padecido una neurosis y más aún, le ha dado el alta ya que una de sus primeras contribuciones es una interpretación que antecede a la narración de ciertos ensueños: el parricidio. Pero no hemos participado de dicha experiencia y no la podemos comprender. Todo parece estar en orden hasta que algo ha cambiado después de un viaje a Estados Unidos. Desde entonces J, un estudiante latente aplicado y exitoso, ha decidido que lo que importa es lo que él llama la militancia política. La situación posterior al cambio se despliega en sus sesiones y nos obliga a discernir si lo que cuenta, titulándolo sueño o ensueño y las narraciones de historias que refiere merecen estar ubicadas en la hilera C y ser interpretadas como un modelo de una relación de objeto que refleja lo que sucede en la transferencia o no. Esa cosa extrañamente moral que es la militancia justifica sus movimientos en el mundo, en la familia y en el tratamiento. Los exámenes, las relaciones de pareja, el significado de una interpretación puede esquivarse invocando la militancia y la lucha contra el capitalismo. En función de ella selecciona las materias que dice estudiar con criterios oscuros y notoria ineficacia. Las personas e ideas que admite que lo rodeen permanecen o se descartan dependiendo de la misma. No nos enfrentamos a delirios o a alucinaciones tal como los psiquiatras los describen, pero es evidente que padece de trastornos del pensamiento más preocupantes que las disfunciones sexuales que están presentes. “Ayer a la noche salí con una chica con la que estuve todo el fin de semana. Amiga de unas amigas, recopada. Todas miran que yo coja perfecto. Terminamos apretujándonos en una puerta en la calle. No nos fuimos a la casa porque me tenía que levantar temprano.” Más tarde en la misma sesión cuenta como se colgó con una película donde intervenían demonios como gárgolas voladoras. Nos preguntamos qué status merece la historia de la muchacha, cuál el interés de todas las mujeres en su capacidad sexual, cuál el de la película de las gárgolas. El entorno universitario, la familia, el trabajo y la relación con el analista tienen algo en común. Él debe resistirse a cualquier intento de integrarlo que se le insinúe explícita o implícitamente. No puede pero dice que no quiere ser parte del sistema familiar. La respuesta más frecuente es un enfrentamiento contra el trabajo en sesión: “No tengo ganas de estar acá” “No tengo ganas de estudiar. No quiero concentrarme.” Como si el analista pretendiese que haga eso. Una megalomanía patética lo lleva a descartar todo aquello que no logra entender, denostándolo con el término “adaptación”. “Adolescencia no porque es muy sociológica. De la otra no me gustaba la bibliografía”. El entorno se esfuerza por lograr que sobrelleve los problemas que la sociedad le impone a alguien de su edad y fabrica seudotrabajos. “El otro día fuimos a comprar una campera con mi viejo…me dijo que cambió su visión de mí, si yo quería militar que lo hiciera y si no quería estudiar psicología que no lo haga, pero tenía que trabajar. Le dije que me interesaba la psicología y que la política estaba en todo, también en la psicología. Me aclaró que para ellos no es indispensable que haga una carrera profesional y no me quería presionar. No sé si le creo o no. Lo cierto es que me vienen presionando”. Asiste a algunas de sus clases o a reuniones políticas, también a sus sesiones aunque casi no rinde exámenes ni puede colaborar con aportes escritos en su grupo, pero aparenta llevar una vida normal.
Sin embargo hay momentos en que parece querer entender y donde pueden aplicar las consideraciones de Bion de la página 6; se siente incapaz. “Son dos piedras en la mochila, tengo que dar el final de niñez. Me lo imagino como un abismo. Es una piedra gigante y además tengo que estudiar solo. Después de casi un año de estar militando, estoy tratando de entender qué es ser un militante revolucionario” Esta situación del abismo y el esfuerzo por ubicarse en su papel, pudo ser recogida en el tratamiento. Queda en una nebulosa por ahora no iluminada qué sucedió en Estados Unidos. Sin embargo en ocasión de una visita que recibe puede decir “El americano está en mi pieza. Me doy cuenta de que lo escondo, me da vergüenza. Me puse a pensar que tal vez revive un pasado que no quiero”. Tal vez la represión ha operado como una especie de muerte y ahora surge un derrumbe o una psicosis, por la turbulencia difíciles de distinguir. Importa saber si son un nacimiento “inseparable de la represión y la muerte”.
La turbulencia y la comunicación de ideas
Finalmente ¿Por qué Bion escribe así? ¿El estilo que asume es deliberado y posterga alternativas expresivas más convencionales o es un déficit? ¿Este grado de sofisticación oculta la redundancia debida a una carencia de ideas nuevas o tiene un fin, meta, significado, valor? ¿Hace falta haber leído a Rimbaud, Baudelaire, Shakespeare, Homero, astrofísica, teoría de los quanta y geometrías no euclidianas para entender sus ideas? ¿Con ese nivel de complejidad no se aleja demasiado de las necesidades de los psicoanalistas clínicos pedestres? ¿Tiene algún valor pegar sobre el papel en que escribe ese pan-demonio de vértices para hablar de psicoanálisis? ¿La secuencia deshilvanada de ideas que no se siguen unas de otras es una confusión de la valoración de la libre asociación y la atención flotante en el consultorio con la que adquiere en la comunicación entre colegas? En Transformaciones pregunta al lector: ¿pueden considerarse las teorías de su libro en otras categorías que las que corresponden a la hilera F? ¿El autor y el lector son dos individuos que comparten los mismos supuestos? Ni siquiera coinciden en tiempo y espacio. Se ha propuesto elegir nombres para definiciones e hipótesis científicas, ¿pero es eso lo que ha hecho realmente? ¿Cómo las incorpora el lector? ¿Las ubica en las mismas categorías? Tal vez piense que la lectura de los intrincados párrafos tiene capacidad para inducir el sueño. Tal vez decida oler el libro. Tal vez crea que Bion adopta la actitud de un Sócrates redivivo.
Ya en los artículos que reunió en Volviendo a pensar Bion se preocupaba por qué modalidad adoptar para hacerse entender con sus colegas, los que participaban con él codo a codo como sus lectores. Oscila entre elegir plantear hipótesis teóricas o sesiones para dar cuenta de sus descubrimientos en el terreno de las psicosis. Una variante original era reunir el material de distintos tratamientos para poner de manifiesto cómo se podía aumentar la capacidad de comunicación con el paciente psicótico en Ataques al vínculo. A pesar de lo fecundo que resultó su aporte, no lo satisfizo y agregó las notas del final, donde cuestiona la capacidad de sus propios registros y les resta la posibilidad de hacer conciente el pasado donde los acontecimientos tuvieron lugar y los reemplaza por aquellas imágenes capaces de provocar evocaciones del futuro, ubicándolas en la categoría C4. Apenas a un paso de D4, el tema que nos ocupa. Después, en Aprendiendo de la experiencia supera sus dudas en intentar transmitir sus descubrimientos, ya que cree que la única manera de hacerlo es con el paciente con quien comparte la experiencia analítica y que entre los dos está aquello de lo que hablan y no está ante nadie más. Le urge encontrar una herramienta metapsicológica que le permita aclarase y transmitir qué cosa es la que están intercambiando sus pacientes y él. Aunque en esa obra describe los procesos del pensar con mucha riqueza, ésta toma forma en Elementos del psicoanálisis con la tabla. No necesita de críticos externos para hacerse cargo de las dificultades que la teoría tiene y la necesidad de progresos que, al tiempo que permitan precisión posibiliten el ejercicio de la capacidad intuitiva. No le caben las objeciones de que el psicoanalista confirma lo que busca. Sabe que cada lectura de un material debe estar atenta a lo desconocido en el estremecimiento de la turbulencia emocional, de nada vale reencontrar lo conocido. El resto de su obra, la parte más oscura, desde Transformaciones hasta A memoir of the future es la mejor evidencia de que, para comprenderlo, el lector debe armarse de paciencia y aspirar a devenir O con él. Nos insta a estar alertas para mantener la vitalidad de la disciplina y replantea materiales de pacientes reconocibles desde Diferenciación de la personalidad psicótica de la no psicótica, usando modelos geométricos, mitológicos, hasta llegar a decir que el material de un paciente puede ser representado por un punto y discernir en qué consiste para él ese punto. Es conmovedor el ejemplo de aquellos que atendían a las interferencias en las transmisiones radiales en lugar de escuchar las palabras. Más conmovedor aún es el esfuerzo de transmitir una experiencia analítica en una novela. Una novela que no requiere ser leída como tal. Una narración donde no importa solamente la secuencia de fonemas y términos organizados según la sintaxis para obtener el mensaje. Una obra que recoge su propia experiencia como analista y persona, que incluye los riesgos que corrió y ella misma es un riesgo, un desafío y que fundamentalmente hace presente la incertidumbre de qué quiso decir en cada página, la misma que el analista enfrenta en cada momento con su paciente. Nosotros, ajenos y distantes de las evocaciones literarias británicas (apenas superficialmente reparadas por Google), ignorantes de la vastedad abrumadora de conocimientos de otras disciplinas, intentamos recoger la actitud del analista y su paciente, encontrando un estímulo para enfrentar nuestros propios peligros analíticos. Podemos alcanzar vistazos del vasto territorio que nos propone. Sin embargo tal vez lo que hemos escrito es un escolio de sus ideas, salpicado con fogonazos de nuestra experiencia clínica.
Creemos que escribe como lo hace porque no vale para un artista componer como sus maestros preferidos. No tendría sentido en ese caso escribir como Freud, o como Klein o como los seguidores de Klein, que sin duda tienen un estilo muy definido. Quiere mostrarnos que el dominio del psicoanálisis tiene límites variables que deben destacarse en la hoja de papel, que existe en el presente inevitable en que se escribe el escrito, anunciando futuros que no existen aún y a la vez honrar y desatarse del pasado. Tal vez para eso nos muestra a nuestro primos superpuestos. "La religión se impregna con la religión cuyo lugar intenta tomar" . Quiere mostrar el valor del psicoanálisis como terreno de investigación para temas que ocuparon a la filosofía y a otras disciplinas más que como método terapéutico. Seguramente duda de la nitidez de las verdades que posee para comunicar y prefiere insistir con la potencia potencial de una curiosidad amenazada. Tal vez trate de que no veamos los problemas de final abierto como teniendo una solución cerrada.

Dr. Angel Natalio Costantino
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Dr. Ricardo Daniel Spector
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